EVENTOS  
 

 
 

PASTORAL

 
 

Los valores que conforman la Espiritualidad de los Sagrados Corazones no son propiedad exclusiva de la Congregación, sino un bien de toda la Iglesia.

 
 
MIEMBROS
 
 

 
.
 

 

 
LOS VALORES QUE QUEREMOS VIVIR

El Señor dio a nuestros fundadores un modo peculiar y concreto de vivir el único Evangelio de Jesús. Éste es el carisma o don particular de encarnar la fe. Cuando hablamos de "espiritualidad de los sagrados corazones" nos referimos a ese "espíritu" que queremos poner en todo lo que hacemos y vivimos, a la manera particular de vivir la fe que nos viene como herencia de los fundadores y que en cada época debemos recrear. Todo carisma es suscitado por el Espíritu Santo y debe contribuir al bien común de la Iglesia y a hacer realidad su misión en el mundo. Dice San Pablo: "Hay en la Iglesia diferentes dones, pero el que los concede es un mismo Espíritu. Hay diversas maneras de servir, pero todas por encargo de un mismo Señor" (1 Co 12).

Los valores que conforman la Espiritualidad de los Sagrados Corazones no son propiedad exclusiva de la Congregación, sino un bien de toda la Iglesia. Sin embargo, en su conjunto, son un regalo del Señor a esta familia concreta, hecho en las personas de Pedro Coudrin y Enriqueta Aymer, y constituyen un modo particular de seguir a Jesús.

 

1. Consagración al Corazón de Cristo

2. Consagración al Corazón de María

3. Fraternidad

4. Solidaridad con los pobres

5. Eucaristía

6. Misión

 

1. Consagración al Corazón de Cristo

Lo que implica creer sin reservas en el Amor Misericordioso de Dios, manifestado en el Corazón humano de su Hijo. Por lo tanto, abandono confiado a ese Corazón, fervorosa entrega a quien nos ha amado primero y gratuitamente, anhelo de responder con toda la vida a ese Amor, la mirada puesta en ese Corazón, centro de nuestras vidas: "Levanten la mirada hacia Jesús, de quien procede nuestra fe" (Hebreos 12,2).

Dice nuestras Constituciones: "En Jesús encontramos todo; su nacimiento, su vida y su muerte: he ahí nuestra Regla (Buen Padre). Hacemos nuestras las actitudes, opciones y tareas que llevaron a Jesús al extremo de tener su Corazón traspasado en la Cruz ".

 

2. Consagración al Corazón de María

Mirada a María como modelo de fe en el Amor. Bajo su amparo entramos en la Misión de su Hijo. Nos acompañan en el camino su ternura, su presencia silenciosa, su sencillez, su firmeza junto a la cruz, y la alegría desbordante de su Magnifica. Nos ofrecemos a Ella y con Ella para que nos ayude a hacer generosamente la Voluntad de Dios: "He ahí a tu madre" (Juan 19, 27).

Dicen las Constituciones: "María ha sido asociada de una manera singular a este misterio de Dios hecho hombre y a su obra salvadora: es lo que se expresa en la unión del Corazón de Jesús y el Corazón de María (...) En nuestro seguimiento radical de Cristo, María su madre, modelo de fe en el Amor, nos precede en el camino y nos acompaña para entrar plenamente en la misión de su Hijo ".

 

3. Fraternidad

Tener siempre en el corazón los sentimientos de Cristo Jesús que se entregó por todos, hacerse "siervo" de sus hermanos, ponerle "corazón" a un mundo en que los hombres se distancian o se agraden, formar comunidad, crear relaciones de cordialidad, de humanidad, de mutuo respecto y colaboración, de amor fraterno "Ámense como Yo los he amado" (Juan 15, 12).

"Vivimos nuestra vocación y misión en comunidad. La sencillez y espíritu de familia son el sello de nuestras relaciones dentro de la Congregación internacional, que quiere estar abierta a todos los pueblos. Nuestra vida en común da testimonio del Evangelio y hace convincente nuestro anuncio del Amor Redentor " (Constituciones SS.CC.)

 

4. Solidaridad con los pobres

Compartir la vida de los pobres, sus penas y alegrías; anunciarles el Amor que Dios les tiene, buscar caminos de justicia; denunciar la situación de los oprimidos y marginados de nuestra sociedad, hacer presente en nuestra vida las palabras de Jesús; "Tuve hambre y me diste de comer" y también "Se anuncia la Buena Noticia a los pobres" (Lucas 7, 22). Para nuestras Constituciones esto es parte de nuestra misión: " Para que el reinado de Dios se haga presente, buscamos la transformación del corazón humano y procuramos ser agentes de comunión en el mundo. En solidaridad con los pobres trabajamos por una sociedad justa y reconciliada ".

Esta tarea se construir un mundo más justo se relaciona, además, con un valor histórico fundamental de la Congregación : la Reparación. Dicen nuestras Constituciones : Conscientes del poder del mal que se opone al Amor del Padre y desfigura su designio sobre el mundo, queremos identificarnos con la actitud y obra reparadora de Jesús... Nuestra vocación reparadora nos estimula a colaborar con todos aquellos que animados por el Espíritu, trabajan por construir un mundo de justicia y de amor, signo del Reino ".

 

5. Eucaristía

Celebrar con alegría la fiesta del Crucificado Resucitado que permanentemente se entrega al Padre y reúne a los hermanos en torno a su mesa. Adorar silenciosos ante el Tabernáculo, el Signo viviente de esa entrega: "El pan que partimos ¿No es la comunión con el Cuerpo de Cristo"? (1 Cor. 10, 16).

"La celebración eucarística y la adoración contemplativa nos hacen participar en sus actitudes y sentimientos ante el Padre y ante el mundo. Nos impulsan a asumir un ministerio de intercesión y nos recuerdan la urgencia de trabajar en la transformación del mundo según los criterios evangélicos. Como nuestros Fundadores, encontramos en la Eucaristía la fuente y la cumbre de nuestra vida apostólica y comunitaria" (Constituciones SS.CC.)

 

6. Misión

Entrar en el dinamismo interior del Amor de Cristo por su Padre y por el mundo, especialmente por los pobres, los afligidos, los marginados y los que no conocen la Buena Noticia. Estar libres y disponibles para llevar esta Buena Noticia allá donde seamos enviados: "Como mi Padre me envió a Mí, así Yo los envío a Uds. "(Juan 20, 21).

"Nuestra misión nos urge a una actividad evangelizadora... La disponibilidad para las necesidades y urgencias de la Iglesia, discernidas a la luz del Espíritu, así como la capacidad de adaptación a las circunstancias y acontecimientos, son rasgos heredados de nuestros Fundadores. El espíritu misionero nos hace libres y disponibles para ejercer nuestro servicio apostólico allá donde seamos enviados a llevar y acoger la Buena Noticia " (Constituciones SS.CC.)

 

NUESTRO CAMINO AL ENCUENTRO DE JESUCRISTO
Querido hermano:

 

Permítenos mostrarte un camino para tu vida. Muchos hombres y mujeres lo han seguido. Son personas, que como tú, sólo contaban con un gran anhelo, anhelo de vida profunda, de generosidad, de alegría completa, anhelo apasionado de conocer y seguir a Jesús.

 

1. Los Sagrados Corazones

2. El Amor misericordioso de Dios

3. Adoración

4. Fraternidad

 

1. Los Sagrados Corazones

Las personas de que te hablamos se esfuerzan por hacer que sus vidas estén dedicadas primeramente al Corazón de Jesucristo. Ellas dicen como San Pablo: "¿Quién nos separará del amor de Cristo?" (Romanos 8), o como dice en otra parte de la Biblia: "Llorarán por aquel que traspasaron, como se siente la muerte de un hijo único" (Zacarías 12, 11).
 

Es decir, se han quedado contemplando, con los ojos de la fe y con su vida entera a este Señor crucificado por nosotros, a este Jesús que nació pobre en Nazaret, que anunció su mensaje de esperanza por campos y aldeas de Galilea, y que nos mostró su amor dando la vida por nosotros.

Tú sabes bien que cuando nos hacemos amigos de alguien, nuestro espíritu no se detiene sólo a considerar cómo ese amigo piensa o actúa, sino que penetramos hasta su interior, hasta el centro de su persona y fuente de su actuar, hasta lo que llamamos su "corazón", su entraña más íntima.
 

Así nos ocurre con Jesús. No nos contentamos con saber lo que dijo e hizo por nosotros. Contemplamos su corazón, su centro personal, la fuente oculta de donde brota su amor de hombre y de Dios.
 

los que siguen este camino se consagran también al Corazón de María, la Madre de Jesús, y Madre de nuestras vidas según el Espíritu. Ella acompañó discretamente al Salvador en Belén y en Nazaret, en su predicación y en la hora de la cruz.

Está escrito que Ella meditaba en su corazón los hechos del Señor. Ahora silenciosa a tu lado quiere entregarte el fruto de esa meditación y te anima a seguir a Jesús.
 

Y porque este camino está centrado en el Corazón de Jesús, porque nos sentimos llamados a amar entrañablemente a Jesús y a la Virgen, nos interesan sobremanera los valores del "corazón", nos interesan las personas, cada persona. Tenemos aguda conciencia del regalo único que significa cada persona humana que ama, que siente, que se entrega a los demás. Quisiéramos amar a Jesús, amarte a ti y amar a cada persona como se ama a un "hijo único", mayormente si está "traspasado".
 

2. El Amor misericordioso de Dios

El Corazón de Jesucristo fue atravesado por la lanza y brotó sangre y agua. Así se expresaba que el interior de Cristo era un manantial de agua viva y también que, al derramar las últimas gotas de su sangre, te había amado hasta el extremo.

Este amor de Cristo es la imagen y la manifestación del Amor insondable de Dios por ti y por cada uno de nosotros.
 

Por eso nosotros 'hemos creído en el Amor que Dios nos tiene" (1 Juan 4), en ese Amor abismal en que Dios consiste.

De esta convicción vivimos. La certeza de ser amados y perdonados es fuente de paz y de libertad, es impulso para vivir y contagiar a otros la alegría. ¿No te parece que vale la pena vivir sólo para eso, para convencer a la gente que es querida por Dios, aceptada y perdonada?

El Crucificado con sus brazos abiertos parece decirte: "¿Qué más puedo hacer por ti para que creas en mi amor?".

Ese Amor de Dios ha sido rechazado miles de veces, pero la mayor ofensa es precisamente la falta de confianza, el no creer en la misericordia y dejarse invadir por la amargura o la tristeza.

Este camino es para creer en el Amor.

 

3. Adoración

Ya te hemos dicho algo del pecado y la falta de confianza, el desaliento. Pero sabes que el pecado toma miles de otras formas. El corazón humano es inagotable en su capacidad de concebir el mal, de ofender a Dios y dañarse a sí mismo.

Toda esta realidad de pecado, extendida a nuestro alrededor por el pecado de la sociedad e instalada en nuestro interior, es la causa del dolor de Cristo y continúa causando la Pasión de la Humanidad a través de toda la historia.
 

Conscientes de esa ofensa y de ese dolor, los seguidores de este camino se van a la Capilla, y allí, frente a Sacramento del Cuerpo de Cristo, se sumergen en adoración, como si quisiéramos compensar, junto a la Virgen en el Calvario, la ofensa hecha a Dios, mientras pedimos por los que sufren abandono, pobreza, injusticia y enfermedad.

Te invitamos a expresar la atención a la Persona de Jesús de que te hablábamos más arriba, permaneciendo silencioso junto al Sacramento de su Cuerpo ofrecido, haciendo tuyos los sentimientos de Cristo (Filipenses 2).

María sigue a tu lado ayudóndote a amar, a adorar desde tu pequeñez la inmensidad del Misterio de Dios, mientras le muestras a Jesús la crucifixión de nuestra comunidad.

 

4. Fraternidad

Los invitamos a amar a los otros como tú mismo has sido amado. A amar con un corazón como el de Cristo, creando fraternidad a tu alrededor por tu acogida, tu cordialidad, tu bondad, tu respeto.
 

Al ver cómo se atenta contra el hombre, cómo se le destruye, debemos esforzarnos por reconstituir el tejido de la solidaridad humana, sobre todo sirviendo y defendiendo al más pobre y marginado.
 

Si vives junto a hermanos creyentes y si tienes una comunidad cristiana de referencia, celebra con ellos la Eucaristía, que significa Acción de Gracias por todo lo que Dios ha hecho por su pueblo, por lo que hizo a través de la Muerte y Resurrección de Cristo y por lo que sigue realizando cada día hasta que éste vuelva.

Sentados en torno a la mesa en que se ofrece Cristo, experimentamos más densamente el gozo de ser hermanos y tomamos fuerzas para luchar por un mundo de hermanos.
 

Experimentamos en la fe su presencia de Resucitado y nos animamos a seguirlo en su entrega.

Reconociendo al Señor al partir el pan, nos disponemos a reconocerlo también en el rostro de cada hombre, especialmente en el del pobre y nos decidimos a darle todo nuestro cariño y nuestra solidaridad.
 

Cristo y la Virgen nos entregan para eso el amor de sus Corazones.
 

En resumen, al contemplar el interior de Cristo y de su Madre, al conocer a través de ellos y su obra redentora, el Amor misericordioso de Dios, y al percibir con asombro, la realidad del pecado que ofende a Dios y destruye al hombre, adoramos al Dios de inmenso amor y nos ponemos con el Corazón de Cristo al servicio de nuestros hermanos, especialmente de los pobres en quienes vemos más claramente la imagen del Crucificado.

P. Pablo Fontaine, SS.CC.

ORACIÓN DE LOS JÓVENES

Señor Jesús, cuyo corazón está siempre atento
a los anhelos de los que en Ti confían:
queremos pedirte la gracia de ser testigos de tu amor,
capaces de vivir alegremente por ti viviendo como Tú,
capaces de acoger el amor que nos regalas
comunicándolo fielmente a los demás,
capaces de hacer de nuestras palabras y obras
la señal más elocuente que sólo buscamos servir.

Que podamos amar como Tú lo haces,
comprender como Tú comprendes,
acoger como Tú acoges,
aceptarnos como tú nos aceptas,
perdonarnos como Tú nos perdonas,
entregarnos como Tú lo hiciste.
Será tu corazón quien, entonces, amará a través del nuestro.
Serán tus palabras las que brotarán veraces de nuestros labios.
Será Tu acogida la que entregaremos abundante
a todo hermano.

Que animados por el corazón de la Virgen
podamos ser fieles a la vocación que nos das
para gloria y alabanza tuya. Amén.

Gerardo Joannon

         ULTIMAS NOTICIAS  
     
 
 
     
     
 
 
     
     
 
 

© 2006 Unidad Educativa Bilingüe Sagrados Corazones