| Querido hermano:
Permítenos mostrarte un camino
para tu vida. Muchos hombres y mujeres lo han seguido. Son personas,
que como tú, sólo contaban con un gran anhelo, anhelo de vida
profunda, de generosidad, de alegría completa, anhelo apasionado de
conocer y seguir a Jesús.
1. Los Sagrados
Corazones
2. El Amor
misericordioso de Dios
3. Adoración
4. Fraternidad
1. Los Sagrados
Corazones
Las personas de que te hablamos se
esfuerzan por hacer que sus vidas estén dedicadas primeramente al
Corazón de Jesucristo. Ellas dicen como San Pablo: "¿Quién nos
separará del amor de Cristo?" (Romanos 8), o como dice en otra parte
de la Biblia: "Llorarán por aquel que traspasaron, como se siente la
muerte de un hijo único" (Zacarías 12, 11).
Es decir, se han quedado
contemplando, con los ojos de la fe y con su vida entera a este Señor
crucificado por nosotros, a este Jesús que nació pobre en Nazaret, que
anunció su mensaje de esperanza por campos y aldeas de Galilea, y que
nos mostró su amor dando la vida por nosotros.
Tú sabes bien que cuando nos
hacemos amigos de alguien, nuestro espíritu no se detiene sólo a
considerar cómo ese amigo piensa o actúa, sino que penetramos hasta su
interior, hasta el centro de su persona y fuente de su actuar, hasta
lo que llamamos su "corazón", su entraña más íntima.
Así nos ocurre con Jesús. No nos
contentamos con saber lo que dijo e hizo por nosotros. Contemplamos su
corazón, su centro personal, la fuente oculta de donde brota su amor
de hombre y de Dios.
los que siguen este camino se
consagran también al Corazón de María, la Madre de Jesús, y Madre de
nuestras vidas según el Espíritu. Ella acompañó discretamente al
Salvador en Belén y en Nazaret, en su predicación y en la hora de la
cruz.
Está escrito que Ella meditaba en
su corazón los hechos del Señor. Ahora silenciosa a tu lado quiere
entregarte el fruto de esa meditación y te anima a seguir a Jesús.
Y porque este camino está centrado
en el Corazón de Jesús, porque nos sentimos llamados a amar
entrañablemente a Jesús y a la Virgen, nos interesan sobremanera los
valores del "corazón", nos interesan las personas, cada persona.
Tenemos aguda conciencia del regalo único que significa cada persona
humana que ama, que siente, que se entrega a los demás. Quisiéramos
amar a Jesús, amarte a ti y amar a cada persona como se ama a un "hijo
único", mayormente si está "traspasado".
2. El Amor
misericordioso de Dios
El Corazón de Jesucristo fue
atravesado por la lanza y brotó sangre y agua. Así se expresaba que el
interior de Cristo era un manantial de agua viva y también que, al
derramar las últimas gotas de su sangre, te había amado hasta el
extremo.
Este amor de Cristo es la imagen y
la manifestación del Amor insondable de Dios por ti y por cada uno de
nosotros.
Por eso nosotros 'hemos creído en
el Amor que Dios nos tiene" (1 Juan 4), en ese Amor abismal en que
Dios consiste.
De esta convicción vivimos. La
certeza de ser amados y perdonados es fuente de paz y de libertad, es
impulso para vivir y contagiar a otros la alegría. ¿No te parece que
vale la pena vivir sólo para eso, para convencer a la gente que es
querida por Dios, aceptada y perdonada?
El Crucificado con sus brazos
abiertos parece decirte: "¿Qué más puedo hacer por ti para que creas
en mi amor?".
Ese Amor de Dios ha sido rechazado
miles de veces, pero la mayor ofensa es precisamente la falta de
confianza, el no creer en la misericordia y dejarse invadir por la
amargura o la tristeza.
Este camino es para creer en el
Amor.
3. Adoración
Ya te hemos dicho algo del pecado
y la falta de confianza, el desaliento. Pero sabes que el pecado toma
miles de otras formas. El corazón humano es inagotable en su capacidad
de concebir el mal, de ofender a Dios y dañarse a sí mismo.
Toda esta realidad de pecado,
extendida a nuestro alrededor por el pecado de la sociedad e instalada
en nuestro interior, es la causa del dolor de Cristo y continúa
causando la Pasión de la Humanidad a través de toda la historia.
Conscientes de esa ofensa y de ese
dolor, los seguidores de este camino se van a la Capilla, y allí,
frente a Sacramento del Cuerpo de Cristo, se sumergen en adoración,
como si quisiéramos compensar, junto a la Virgen en el Calvario, la
ofensa hecha a Dios, mientras pedimos por los que sufren abandono,
pobreza, injusticia y enfermedad.
Te invitamos a expresar la
atención a la Persona de Jesús de que te hablábamos más arriba,
permaneciendo silencioso junto al Sacramento de su Cuerpo ofrecido,
haciendo tuyos los sentimientos de Cristo (Filipenses 2).
María sigue a tu lado ayudóndote a
amar, a adorar desde tu pequeñez la inmensidad del Misterio de Dios,
mientras le muestras a Jesús la crucifixión de nuestra comunidad.
4. Fraternidad
Los invitamos a amar a los otros
como tú mismo has sido amado. A amar con un corazón como el de Cristo,
creando fraternidad a tu alrededor por tu acogida, tu cordialidad, tu
bondad, tu respeto.
Al ver cómo se atenta contra el
hombre, cómo se le destruye, debemos esforzarnos por reconstituir el
tejido de la solidaridad humana, sobre todo sirviendo y defendiendo al
más pobre y marginado.
Si vives junto a hermanos
creyentes y si tienes una comunidad cristiana de referencia, celebra
con ellos la Eucaristía, que significa Acción de Gracias por todo lo
que Dios ha hecho por su pueblo, por lo que hizo a través de la Muerte
y Resurrección de Cristo y por lo que sigue realizando cada día hasta
que éste vuelva.
Sentados en torno a la mesa en que
se ofrece Cristo, experimentamos más densamente el gozo de ser
hermanos y tomamos fuerzas para luchar por un mundo de hermanos.
Experimentamos en la fe su
presencia de Resucitado y nos animamos a seguirlo en su entrega.
Reconociendo al Señor al partir el
pan, nos disponemos a reconocerlo también en el rostro de cada hombre,
especialmente en el del pobre y nos decidimos a darle todo nuestro
cariño y nuestra solidaridad.
Cristo y la Virgen nos entregan
para eso el amor de sus Corazones.
En resumen, al contemplar el
interior de Cristo y de su Madre, al conocer a través de ellos y su
obra redentora, el Amor misericordioso de Dios, y al percibir con
asombro, la realidad del pecado que ofende a Dios y destruye al
hombre, adoramos al Dios de inmenso amor y nos ponemos con el Corazón
de Cristo al servicio de nuestros hermanos, especialmente de los
pobres en quienes vemos más claramente la imagen del Crucificado.
P. Pablo
Fontaine, SS.CC.
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